SANIDAD DEL ALMA
VENCIENDO EL TEMOR A SER FELIZ
Texto: Ro.8:15; Salmo 112:7
INTRODUCCIÓN
En este tema vamos a entender cómo una persona que crece en una familia disfuncional puede desarrollar un temor al gozo y al éxito, lo cual limita su habilidad para experimentar la vida en plenitud.
Es decir, es una persona que cuando experimenta gozo, felicidad:
- Se retrae
- Le es indiferente
- No desea experimentar, porque sabe que va a durar poco
- No celebra como debe de ser porque tiene una sensación de que luego viene una calamidad.
¿Por qué vivimos así?
Porque mi familia disfuncional contribuyó en muchos aspectos negativos que la felicidad en esta casa casi no existe.
I.- APRENDIENDO A TENER MIEDO A LA FELICIDAD
“Es demasiado bueno para ser cierto, entonces no debe ser verdad”. Es el lenguaje de aquellos que viven con el temor a la felicidad.
Y hay muchos cristianos que viven así, por eso es fácil entender que algunos tienen temores:
- A ser abandonados
- Al matrimonio
- Sexo en el matrimonio
- A la oscuridad
- A la muerte
- Al futuro
- Al fracaso
- A la soledad
- Hablar en público
- Reuniones sociales
- Algunos animales
- Espacios cerrados
- Sentimiento de venganza
- Sentimiento de culpa
- Sentimiento de rechazo
- Sentimiento de amargura
- Sentimiento de odio
- Tienen complejo de infioridad, timidez
- En la Iglesia Gloria a Dios, en sus casas son agresivos, violentos, duros, perfeccionistas, falta de afecto, gracia. etc.etc.
Pero, cómo podría alguien estar temeroso de la alegría, éxito o felicidad? ¿por qué alguien podría tener miedo de algo bueno, positivo? A pesar que la palabra nos enseña la frase: “No temas”, cientos de veces e incluso cantamos:
“Porque El vive, espero el mañana,
Porque El vive, ya no hay temor.”
Sin embargo muchas veces hemos tenido temor y eso impide, obstruye seriamente nuestra habilidad de vivir la vida como quisiéramos.
ILUSTRACIÓN
Por mucho tiempo mi sueño había sido pastorear una Iglesia creciente. Trabajé por más de 20 años para ver mi sueño hecho realidad. A la edad de 39 años estuve por fin guiando una iglesia creciente. Era pastor de la iglesia que no sólo tenía un rápido crecimiento sino que también estaba llena de gente que me amaba y me sustentaba.
Algo extraño empezó a pasar. Sucedió en diferentes oportunidades, pero la mayoría de las veces en los domingos por la mañana. Muchas veces sucedía cuando caminaba hacia el púlpito justo antes de predicar. O cuando estaba en los intensos 5 ó 10 minutos del inicio de mi sermón, o algunas veces venía a la mitad de mi mensaje. Era un sentimiento de pánico.
El sentimiento no era de nervios. Había empezado a predicar cuando era un adolescente me gozaba hablando a grupos, cuando más largo era mejor. El sentimiento era pánico.
Algunas veces pensé que iba a morir. Sabía que mi temor no era lógico, pero de todas maneras lo sentía. Pero no supe exactamente por qué.
Leí un libro acerca de los ataques de pánico. El libro me enseño algunas técnicas para lidiar con el pánico. Las técnicas ayudaron algo, pero no resolvieron el problema.
Junto con la ansiedad, algunas veces sentía dolor en el lado izquierdo de mi cuerpo. Me habían examinado lo ojos. Pedí a mi dentista que me haga un chequeo. Fui al neurólogo quien me envío como paciente externo a un hospital. Me llevaron a un cuarto con una gran maquina para imágenes de resonancia magnética. Cuando el técnico apretó el b botón entré en un túnel dentro de la máquina. Con un plato de plástico directamente sobre mi cabeza, estuve ahí con mi cabeza asegurada por 30 minutos mientras la máquina hacía ruido.
Luego me llevaron a otro cuarto donde me conectaron a una pequeña computadora. Median las respuestas de mis nervios ópticos a medida que las imágenes se reflejaban en la pared. Después de completar todos los exámenes, mi doctor me dijo que había pensado que tenía un tumor cerebral o múltiple esclerosis, pero no había encontrado nada.
Estaba aliviado. Estaba contento que los doctores no habían encontrado ningún problema físico. ¡pero estaba frustrado¡ ¿Qué pasa conmigo? Me preguntaba.
Después, un examen gastrointestinal reveló una hernia hiatal, una leve mancha en mi esófago. Una hernia hiatal puede causar dolor en el pecho y algunas veces en el brazo.
Ese dolor puede ser agraviado por el estrés. El descubrimiento de la hernia hiatal explicó algo de mi dolor pero no la ansiedad que sentía.
Estuve luchando emocionalmente al mismo tiempo que empecé a sentir vergüenza y culpa por mi problema. Pensaba: Soy un pastor; me paro cada semana y le digo a la gente cómo manejarse en la vida, pero yo mismo no estoy manejando bien mi propia vida.
A veces me sentía falso, no porque estuviera tratando de ser un hipócrita sino porque no podía entender o resolver este problema. No era ineficiente pero era como alguien con una herida abierta en su mano. Con esa mano podía coger y agarrar y tocar y levantar pero siempre con dolor.
Cuanto contaba esta historia, qué generó en ti:
- Tristeza
- Ira
- Soledad
- Vergüenza
- Culpa
- Temor
- Alegría
- Dolor
Poco a poco me di cuenta que la raíz de mi problema era el temor. Y descubrí tres razones básicas que afectaban dicho temor.
1. MI ESTIMA DETERIORADA
El pastor pensó que liderando una iglesia creciente la haría sentirse mejor.
A .-Algunos les hace sentirse mejor:
- Vestirse con buena ropa (de marca), eso les hace sentirse bien.
- Posición económica, eso les hace sentirse superiores
- Tradición familiar, eso les hace sentirse orgullosos.
- El cargo, eso les hace sentirse autoritarios.
Muchos buscan sentirse mejor, pero los sentimientos internos siguen igual, no ha cambiado. Más bien ha empeorado, porque están aparentando algo que no son.
El pastor sabía que sus sentimientos no habían cambiado.
El éxito no hacía mucha diferencia en la forma de cómo se sentía. Al contrario se preguntaba: Sí merecía el éxito que estaba experimentando.
2. LOS SENTIMIENTOS DE QUE TODO RECAÍA EN ÉL.
Aunque delegaba las tareas y programas, a menudo sentía que si salía mal, él era el culpable directo.
Al final él terminaba haciéndolo todo. Es de las personas que quiere estar en todo, esa es una carga muy pesada, va a terminar totalmente exhausto.
Es de las personas que dicen: “Sin mi, esto no camina”.
3. TERCERA RAZÓN: Hay un lema: Si es demasiado bueno para ser verdad, entonces es verdad.
La actitud es: Si algo sale bien, es solo el preludio de una catástrofe, así que no te hagas ilusiones.
CONCLUSIÓN:
Este hombre había vivido así toda su vida, creció en una familia alcohólica. Había aprendido a esperar que algo malo sucedía de algo bueno.
Mientras la familia pasaba momentos alegres y felices era siempre interrumpido por el padre alcohólico. Así vivió e interpretó que la felicidad no existía o solo era temporal, porque luego algo negativo, estresante, calamitoso iba a ocurrir.
II.- LAS FAMILIAS DISFUNCIONAESL AUMENTAN EL TEMOR A LA FELICIDAD.
1. Las familias disfuncionales son impredecibles.
Las cosas ocurren de un momento a otro. En una familia alcohólica, la crisis
ocurre cuando el alcohólico toma.
En una familia jugador compulsivo, la crisis será financiera.
En una familia iracunda, la crisis será una explosión de ira
En una familia violenta, la crisis será el castigo físico
Estas familias viven de crisis en crisis, siempre están a la espera de la próxima crisis.
Estos niños crecen desarrollando una regla no hablada: “No te permitas ser demasiado feliz, porque algo malo va a suceder”.
2. Las familias disfuncionales no están seguras de lo que deparará el futuro.
El vivir de una crisis a otra, no da lugar para planear cuidadosamente el futuro.
Planear con anticipación las vacaciones familiares, ahorrar dinero para la universidad, pensar en algún proyecto para los hijos, por los talentos que tienen, casi nunca se da.
Aunque puede ser una familia que planifica sus cosas, nunca va más allá de la próxima crisis.
Estos niños crecen pensando que no hay futuro, el futuro siempre es incierto para ellos.
Por eso salen a la vida con carrera y todo pero no saben qué hacer.
3. Las familias disfuncionales viven esperando. ¡Espera! ¡Espera! ¡Espera!
Tú esperas que “eso” mejore, pero podría no mejorar.
Aceptas el esperar como una constante en tu vida.
Te sientes más cómodo esperando que logrando el éxito
Esperar ser feliz que experimentarlo realmente aquello.
Esperas tener dinero que experimentarlo en hacerlo
Esperas ser un profesional que experimentarlo en terminar.
Esperas que tu matrimonio camine que experimentarlo en trabajar por ello.
Te conviertes en un experto para esperar, pero no en un experto en experimentar felicidad.
4. Las familias disfuncionales forman personas que piensan bien y mal de sí mismos a la vez.
Crees en ti mismo, de hecho piensas que eres mejor que otras personas.
Piensas que puedes hacer cualquier cosa, tú puedes, sabes que querer es poder, pero al mismo tiempo te disgustas de ti mismo.
Una parte de ti cree que merece triunfar:
- Porque te esfuerzas más
- Porque eres más trabajador
Pero otra parte de ti no cree que mereces triunfar, tu mismo eres tu peor crítico.
Muchas veces crees que no lo mereces ¿Por qué? Tu familia de origen, tus padres, afirmaban confianza en ti y en otras ocasiones te derribaban, te comparaban, reprimieron.
Por otra parte sabías que tu familia era diferente:
- Indigna de tener respeto
- Secretos escondidos
- Conflictiva
Todo eso generó en ti inestabilidad emocional y el temor no te deja ser feliz.
5. Las familias disfuncionales aumentan el deseo de probar la valía a través de logros.
Miguel, su padre es un jugador compulsivo.
El siente vergüenza por los problemas financieros de la familia, siempre en deuda, la familia le debe a todo el mundo.
Miguel sabe que esos juegos son negativos, desde pequeño dice nunca jugaré y decide trabajar pero borrar esa vergüenza de su familia.
Miguel llega a tener éxito, pero se desalienta cuando se da cuenta que los logros no borran la culpa que arrastra desde niño.
Los logros no sanan la autoestima quebrada.
Los logros no borran la vergüenza que lleva
Los logros no borran la culpa impuesta por la familia
Si no tienes la capacidad de sentir satisfacción, como el apóstol Pablo, que dice: “En lo mucho o en lo poco aprendí a estar contento, Entonces el éxito siempre será inalcanzable.
ILUSTRIACIÓN: Pipo
6. Las familias disfuncionales alientan el uso de máscaras.
Las familias disfuncionales usan máscaras para esconder su vergüenza.
La máscara ayudó al niño a sobrevivir en su familia disfuncional.
Cuando el adulto niño deja a su familia de origen se mantiene usando la máscara en su futura relación.
Se da cuenta que escondiendo ciertas cosas en su matrimonio o familia evita ser avergonzado.
En la cultura griega los actores usaban máscaras para representar un personaje en el escenario. Tras bastidores cambiaban y usaban otras máscaras. Eran llamados por la gente de aquel entonces como los hipócritas.
Una persona que usa máscara es un hipócrita por que no es genuino, auténtico, por lo tanto, no va a ser honesto.
Pablo en Romanos 19:9 dice que, “el amor sea sin fingimiento”.
Mi actitud como persona debe ser sincero, puro, auténtico.
El auténtico reconoce, admite sus áreas débiles, sus errores, su pecado porque busca vivir a la ley de la verdad de Dios.
¿Cuáles son los nombres de las máscaras que usas?
¿Por qué las usas?
LOS HOMBRES USAMOS MASCARAS LAS MUJERES USAN MASCARAS
- El hombre Macho – La mujer Sexy
- El hombre Sabelotodo - La mujer Madre Sobre Protectora
- El hombre Metro – Sexual – La mujer Mundo
- El hombre Compulsivo al trabajo – La mujer Dominante
- El hombre Material – La mujer Asco.
- El hombre Figureti. – La mujer Madre Gallina
- El hombre Payaso. - La mujer Perfeccionista
- La mujer Complaciente.
- La mujer Victima.
7.- Las familias disfuncionales viven pendientes de las emociones.-
Las familias disfuncionales están pendientes de las emociones de uno o más miembros de la familia.
Los sentimientos del niño están atadas a los sentimientos de la familia. (Padre o madre)
El niño aprendió: Yo no puedo ser feliz hasta que Papá este feliz.
El problema es que Papá rara vez es feliz.
A- Viene el siguiente nivel de pensamiento.
El niño piensa: quizás puedo hacer feliz a Papá
o El niño toma el Rol de Héroe, el que logra cosas, intentabas compensar la pena, el dolor y la desgracia que había en tú familia.
o El niño toma el Rol Payaso, a como de lugar busca traer alegría a la casa.
o La niña, puede tratar de hacer Feliz a papá, siendo su pequeña princesa dulce, bella y obediente.
B.- Qué es lo que sigue? El entrampamiento sentimental.-
Cuando vives con los sentimientos de tu familia estas atrapado.
o Vas a estar triste cuando está persona esté triste.
o Vas a estar deprimido cuando está persona este molesto.
En otras palabras, tus emociones están atadas más el comportamiento de la otra persona que tus propias experiencias de vida.
El problema es que cuando ya no vives con la familia de origen, tienes tu propia familia, que te ofrece felicidad, tus sentimientos todavía están atadas a los sentimientos de tu familia pasada.
ILUSTRACIÓN:
Hija casada, creyente, por años le entregaba el sueldo a su Padre.
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Quiero agradecer de manera personal a Silvia y José Luis por estas 8 semanas de una experiencia vivencial empapada de Dios vivo dentro de nuestro matrimonio.Creo que ahora veo de manera más clara como Dios nos ama y nos da un manual claro para vivir ésta vida de su mano y crecer con Él como el único Maestro.
Nosotros llegamos a ustedes x la fundacion “salvemos la Familia” y aunque pertenecemos a “La Tienda de Enfrente” la riqueza de los dones de Dios a travez de ustedes son ya vida en nuestro matrimonio, nunca podré agradecer lo suficiente por ésta experiencia de vida y ustedes, la fundacion ( Mary y Moises) y de manera especial Efraín son ya parte importante de nuestras vidas y siempre estarán en mis oraciones.
Lo aprendido con ustedes, su trato, el amor que reflejan en su apostolado, y sus bendiciones son para nosotros un gran ejemplo a seguir.
Estamos en las manos de Dios y no nos apartaremos de Él, mil grax x siempre, y que Dios les siga iluminando y bendiciendo. grax!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
¿Qué significa “permanecer” en Cristo?
Jesús dio el significado de la frase “permanecer en Cristo” cuando se comparó a una vid y a los creyentes como sus sarmientos: “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí” (Juan 15:4). Ese retrato nos ilustra la unión vital que existe entre cristianos y Jesucristo.
La palabra “permaneced” básicamente quiere decir “quedarse”. Cada cristiano está inseparablemente enlazado a Cristo en todas las áreas de su vida. Nosotros dependemos de Él por la gracia y el poder para obedecer. Nos fijamos obedientemente en Su Palabra para instruirnos en cómo vivir. Le ofrecemos nuestra profunda adoración y alabanza, y nos sometemos a Su autoridad sobre nuestras vidas. Los cristianos conocen a Jesucristo como la fuente y sustentador de sus vidas.
Permanecer en Cristo es evidencia de una salvación genuina. El apóstol Juan se refirió a esto cuando hablaba de profesantes quienes “Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros” (1 Juan 2:19). Personas con fe genuina se quedarán—no se retirarán; no negarán a Cristo, ni abandonarán Su verdad. Jesús reiteró la importancia de permanecer como símbolo de fe verdadera cuando dijo, “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos” (Juan 8:31).
CARLOS H. SPURGEON
Juan Spurgeon, padre de Carlos, era ministro. Santiago Spurgeon, abuelo de Carlos, también era ministro. De manera que no es de sorprenderse que Carlos haya seguido las mismas pisadas. Carlos Haddon Spurgeon nació el 19 de junio de 1834, en Kelveden, en el condado de Essex, Inglaterra. Hubieron diecisiete miembros en la familia Spurgeon, pero nueve de ellos murieron en la infancia. El padre de Calos predicaba los domingos, ministerio que desempeño durante dieciséis años. Durante la semana trabajaba en la industria del carbón.
Cuando tenía dieciocho meses, Carlos fue llevado a donde sus abuelos, en Stambourne, criándose allí durante sus primeros años de vida. Durante cincuenta y cuatro años Santiago Spurgeon predicó en la capilla local. La tía Ana pasó mucho tiempo ayudando a Carlos, enseñándole a escribir y a memorizar. A la edad de siete años, el niño regresó a vivir con sus padres. Sin embargo, la mayoría de las vacaciones regresaba a pararlas con sus abuelos.
Aquellos primeros años en Stambourne fueron llenos de alegría para Carlos. Tener que dejar a su abuelo fue la pena más grande de su niñez. Al regresar a su hogar, en la población de Colchester, conoció a sus dos hermanitas y a un hermanito menor, los cuales, naturalmente, lo hicieron su héroe.
Al principio, Carlos asistió a una escuela dirigida por una señora de apellido Cook. Pero, después de haber aprendido todo lo que ella le podía enseñar, Carlos fue enviado a una institución más avanzada. En dicho lugar, se ganó el primer premio en inglés, cuando tenía alrededor de diez u once años de edad.
Cuando cumplió los catorce años, fue enviado, juntamente con su hermano, al colegio de San Agustín, en Maidstone, en donde daba clases un tío suyo. Carlos dominó rápidamente las materias que se enseñaban en aquel lugar, igualmente.
Para cuando tenía quince años, había progresado mucho en lectura, redacción, aritmética, ortografía, gramática griega y del latín, y filosofía. Su destreza en matemáticas era tan sobresaliente en aquel tiempo, que se le permitió calcular las tablas que aún hoy en día son usadas por unas de las compañías de seguro de vida en Londres.
Durante cinco años, o sea, entre los diez u once, y hasta los quince o dieciséis, Spurgeon mantenía una actitud de búsqueda, y eso le llevó a aprender más, en cuanto a las cosas que de veras importan en la vida, que lo que la mayoría de la gente aprende durante toda su vida.
“Debo confesar”, decía más tarde, “que nunca hubiera sido salvado, si yo hubiese podido evitarlo. Mientras pude, me rebelé, me opuse, y luche contra Dios. Cuando él quería que yo orara, no oraba; y cuando él deseaba que yo escuchara el sermón, no lo hacía. Cuando acaso escuchaba, y una lágrima me corría por la mejilla, me la enjugaba y desafiaba a Dios a que me ablandara el corazón. Pero mucho antes de que yo empezara con Cristo, él empezó conmigo”.
Fue su madre la que despertó en él interés por las cosas espirituales. Las oraciones y los consejos de ella, le hicieron que empezara a preocuparse por su alma. Todos los domingos, por la tarde, la Sra. de Spurgeon acostumbraba reunir a sus hijos alrededor de la mesa, y mientras leían las Escrituras, ella les iba explicando, versículo por versículo. Luego oraba. Posteriormente, Carlos declararía que a los niños jamás se les olvidaron algunas de aquellas oraciones.
Carlos Haddon Spurgeon aceptó al Señor Jesucristo como Salvador, el 6 de enero de 1850. estaba nevando. Se encaminaba hacia cierta iglesia, pero debido a la tormenta, se detuvo en otras más cercana. Al entrar, notó que habían presentes menos de quince personas. El ministro no pudo llegar, debido al mal tiempo, así que un zapatero se levantó para tomar su lugar en aquella emergencia. Tomó Isaías 45:22 como su texto: “Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más”. Mientras predicaba, aquel ministro improvisado señaló con su dedo al joven Spurgeon, y le dijo: “Joven, tú andas mal. Mira a Jesucristo, ¡Míralo! ¡Míralo! ¡Míralo!”. Carlos lo hizo así, y le entregó al Señor Jesucristo la vida y el corazón. Ese mismo día hizo la decisión de entrar en el ministerio. El 3 de mayo de 1851, día de cumpleaños de su madre, Carlos se bautizó, de acuerdo al mandamiento de Cristo. “La conciencia” dijo “me ha convencido de que es un deber ser sepultado juntamente con Cristo en el bautismo, aunque estoy seguro de que no es de ninguna manera necesario para la salvación”.
Carlos comenzó de inmediato a trabajar para el Señor, enseñando una clase de niños en la escuela dominical, repartiendo tratados y visitando a los pobres.
“No hay mejor tiempo para trabajar que las primeras horas del día, ni mejor tiempo para servir al Señor que los días tempranos de la juventud”, solía decir. Se levantaba muy de mañana para leer la palabra de Dios y para orar, y luego pasaba el resto del día en sus estudios. Invertía las noches enseñando la Palabra de Dios. A los dieciséis años, se afilió a una organización llamada la Asociación de Predicadores Laicos, y predicó su primer sermón en una casita rural, cerca de Cambridge. La fama del “muchacho predicador” se extendió rápidamente. Pronto estaba predicando en capillas, casas y reuniones al aire libre, en trece poblados diferentes alrededor de Cambrigde. Esto lo hacía por las tardes, después de cumplir con sus deberes escolares.
En 1852 aceptó su primer pastorado, en Waterbeach, a diez kilómetros de Cambrigde. La capilla, que anteriormente había sido el granero, tenía varias bancas y un púlpito. El primer domingo hubieron menos de doce personas presentes, pero luego la asistencia subió. Su salario en la iglesia era de 225 dólares al año, más la comida que la gente le traía de cuando en cuando. Spurgeon permaneció dos años y medio en el pastorado de esa iglesia. Cuando empezó a trabajar allí, halló que la embriaguez, el lenguaje blasfemo, y el pecado abundaba en el pueblo; pero pronto todo eso cambió. Domingo tras domingo la pequeña capilla se llenaba hasta el tope, y la gente empezó a confesar sus pecados y a reconciliarse con Dios.
La primera persona convertida por Spurgeon, fue la esposa de un labriego, y Carlos apreciaba aquella alma más que todas las demás que se convirtieron después de su ministerio. “Me sentí como el niño que gana a su primera moneda, o como el pescador de perlas que se sumerge muy hondo y encuentra una gema de especial valor”.
Cuando tenía diecinueve años, Spurgeon pronunció un discurso en la Unión de Escuelas Dominicales de Cambrigde. Los dirigentes, todos personas de mayor edad que él, lo criticaron severamente, diciendo que a él no le correspondía tratar de enseñar a sus mayores. Le dijeron que debía haberse quedado en su iglesia, por lo menos hasta que tuviera edad como para que le creciera la barba. No obstante, como resultado de ese discurso, recibió una invitación de parte de una iglesia en Londres. Se trataba de una de las principales iglesias bautistas, y una de las seis que tenía más de trescientos miembros. La iglesia había gozado de muy buen prestigio pero la localización del templo era muy ventajosa, y, como consecuencia, la asistencia había ido declinando durante varios años. Por tres meses habían estado sin pastor. Un hombre que era diácono en esa iglesia, había escuchado el discurso de Spurgeon. Al volver a su congregación, les dijo: “Si ustedes quieren llenar esas bancas vacías, llamen a un joven a quien oí hablar en Cambrigde. Se llama Spurgeon”.
El joven Spurgeon quedó tan sorprendido al recibir una invitación para ser pastor de una iglesia tan grande, que escribió una carta diciéndoles que seguramente se habían equivocado. A vuelta de correo le vino la respuesta: “La invitación es para usted mismo. No hay ningún error.” Todavía perplejo, hizo arreglos para predicar en la Iglesia de la calle New Park, el 18 de diciembre de 1853. Fue recibido fríamente, y eso le hizo sentirse tentado, al último momento, de evadir la tarea. Sin embargo, una vez que estuvo frente a la congregación se sintió más tranquilo. La asistencia no era muy numerosa. Había más o menos unas ochenta personas presentes.
La fama del maravilloso joven campesino se propagó el mismo día. Por la tarde, muchos de los que estuvieron presentes en el culto de la mañana, visitaron a sus amigos, invitándolos a asistir al servicio nocturno; y así, por la noche, la asistencia fue mucho más nutrida. Entre los presentes en aquella ocasión, estaba la joven que más tarde llegaría a ser su esposa.
Los oyentes estaban tan emocionados, que no se levantaron de sus asientos sino cuando los diáconos les aseguraron que harían todo lo posible por volver a invitar al joven predicador. Antes de que Spurgeon abandonara el recinto, había recibido la invitación de volver.
Ninguno de los predicadores suplentes, que llenaron al púlpito de la iglesia de la calle New Park durante los meses en que estuvo vacante, había sido invitado por segunda vez. Spurgeon, en cambio, volvió el primer domingo de enero de 1854, y luego al tercer domingo y también el quinto. Tan grande fue el éxito de su ministerio, que el 25 de enero fue invitado a ocupar el púlpito por seis meses, con miras a aceptar el pastorado permanentemente. Antes de que se cumplieran los seis meses, los diáconos de la iglesia convocaron a una sesión especial, durante la cual la congregación acordó invitar a Spurgeon para que fuera su ministro permanente.
Casi desde el primer día de la obra de Spurgeon en la capilla de la calle New Park, el templo se llenó de bote en bote, en cada reunión. Durante seis domingos seguidos, en los servicios nocturnos se llenó, no solamente la capilla misma, sino también las calles adyacentes. La gente se aglomeraba inclusive en las calles laterales. Todo esto fue muy arduo para Carlos Spurgeon, puesto que aún no había desarrollado una “voz para las multitudes”. A veces casi se quedaba sin voz. No obstante, para fines de aquel año, había dominado el secreto de proyectar la voz hacia un auditorio grande. El edificio fue ampliado vez tras vez, pero al poco tiempo, nuevamente, resultaba estrecho para la gente que concurría.
Un domingo por la noche, cuando el salón estaba lleno hasta el tope, y había otras diez mil personas afuera, alguien dio alarma de incendio. Un terrible pánico se apoderó de la gente, y siete personas murieron atropelladas. Otras veintiocho quedaron gravemente heridas. Esta experiencia conmovió profundamente a Spurgeon. Quedó tan afligido, que pasó llorando toda la noche y todo el día siguiente. No obstante, como consecuencia de ello, se convirtió en un predicador sobresaliente, y todo Londres quería oírle. Durante los siguientes tres años predicó a multitudes de más de diez mil personas todos los domingos. Siguió predicando en los edificios más grandes que se podían contratar en Inglaterra, en Escocia, Irlanda y Gales. También empezó a predicar al aire libre. A la edad de veintidós años, era el predicador más popular de su día.
Cuando llegó a la iglesia de la calle New Park, en 1854, la membresía era de 232. para fines de 1891 se habían bautizado otras 14.460 personas; y la membresía constaba, para entonces, de 5.311 personas.
En marzo de 1861 fue terminada la construcción del Tabernáculo Metropolitano, y durante los treinta y un años que siguieron, aproximadamente cinco mil personas se reunían, domingo tras domingo, mañana y tarde, para oír predicar a Spurgeon. Los edificios quedaban tan llenos, que por fin Spurgeon tuvo que pedir a los que asistían fielmente, que por favor se abstuvieran de venir el próximo servicio. Así lo hicieron ellos, pero aún así el Tabernáculo se llenaba hasta el máximo. El 7 de octubre de 1857, cuando Spurgeon tenía 23 años, se usó el edificio más grande que había disponible, y 23.645 personas asistieron al servicio. Spurgeon quedó completamente agotado como resultado de aquel servició, al punto que después durmió, de un solo tirón, desde el miércoles por la noche hasta el viernes por la mañana.
Aunque las multitudes que llegaban par escuchar a Spurgeon era, en su mayoría gente del pueblo, sin embargo, también asistían algunos de la nobleza. La Reina Victoria asistió disfrazada. También concurrieron funcionarios del gobierno, militares, escritores, artistas y ministros.
Mientras pastoreaba la iglesia de la calle New Park, un día Spurgeon notó, entre la concurrencia, a una jovencita muy atractiva. El 8 de enero de 1856, dicha señorita se convirtió en la Sra. de Spurgeon dio a luz a un hermoso par de gemelos, Carlos y Tomás.
La vida hogareña era ideal, a pesar de que la Sra. de Spurgeon estaba constantemente enferma. Sin embargo, el gozo del hogar nunca fue empañado por quejas o por falta de comprensión. Para los padres fue un gozo cuando los hijos se bautizaron; y una gran satisfacción cuando los vieron empezando a predicar, en una casita cerca de Wandsworth. Ambos hijos siguieron carreras de negocios; el uno en el despacho de un comerciante de la ciudad, y el otro como tallador de madera; pero en ambos también se desarrolló la habilidad de predicar.
Carlos, el mayor, después de pastorear iglesias en Grenwich, Nottingham y Hove, llegó a ser el sucesor de su padre en el Orfanato Spurgeon. Tomás, el menor, después de servir como ministro en Australia y Nueva Zelandia, tomó el lugar de su padre en le Tabernáculo Metropolitano. Dirigió la obra allí durante catorce años, y murió el 20 de octubre de 1917.
Susana de Spurgeon había quedado inválida, y por tal razón no podía acompañar a su esposo en sus viajes. Susana falleció el 22 de octubre de 1903.
Se ha dicho que Carlos Spurgeon tenía más de tres mil quinientos sermones distintos. Los sermones dominicales eran reproducidos en forma impresa, y se vendían profusamente. Además de sus tareas regulares como pastor y predicador. Spurgeon publicó un sermón por semana, comenzando en 1855, y también fundó un seminario para pastores. Estableció un círculo de escuelas dominicales e iglesias, era presidente de una sociedad para la distribución de Biblias y tratados, y estableció el orfanato de Stockwell con diez casas, en las que se podía acomodar a unos quinientos niños.
Spurgeon predicó su último sermón en el Tabernáculo Metropolitano el día domingo 7 de junio de 1891. tenía solamente cincuenta y seis años de edad, pero estaba sumamente extenuado. Las arrugas en su frente y la abundancia de sus canas, mostraban a la distancia un envejecimiento prematuro. Al acercarse el fin de su vida terrenal, le dijo a su esposa: “¡Ah! Mujercita; he tenido una vida tan bendecida con mi Señor”. El 31 de enero de 1892, después de cuarenta años en el ministerio, Carlos Haddon Spurgeon se fue para estar con su Señor. Esto ocurrió en Mentone, Francia, a donde había viajado por motivos de salud.
El 4 de febrero se celebró un servicio conmemorativo en Mentone, y luego el cadáver fue llevado al Seminario para Pastores, en la Estación Victoria, en Londres, en donde permaneció aquella tarde. Al anochecer fue llevado al Tabernáculo, y allí, al día siguiente, unas sesenta mil personas desfilaron ante al ataúd, para presentar sus últimos respeto a Spurgeon.
Hoy en día la Iglesia “El Tabernáculo” todavía continúa trabajando; el seminario sigue adiestrando a hombres para que predique el evangelio; y el orfanato, en un sitió nuevo, aún provee alojamiento y educación para niños y niñas.
De esta manera, la obra de Carlos Haddon Spurgeon, todavía continúa.
Este tema tiene 5 capitulos, el que lea y desee el capítulo 2 solo tiene que pedirlo.
MATRIMONIO Y DIVORCIO
DIOS ESTABLECE EL HOGAR
En esta serie de mensajes titulados, “Matrimonio y Divorcio”, deseamos hablar en primer término acerca de la santidad del hogar establecido por Dios. El hogar fue la primera institución que Dios proveyó para el beneficio del hombre. Fue establecido antes de que apareciera el pecado, como lo registra la Biblia en Génesis 2:18-24:
“Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre. Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él. Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.”
El hogar es una institución de Dios, y por ello es de vital importancia que entendamos cómo lo planificó y con qué propósito lo estableció. Con esto en mente, no habrá ninguna dificultad para comprender las enseñanzas que presentan las Escrituras, acerca de este asunto. Dios es inmutable; El no altera sus métodos o principios para acomodarlos a la voluntad del hombre. Parece haber un cambio aparente pero es solo aparente, que algunos lo han tomado como justificación para aprobar el divorcio. Trataremos de este asunto más adelante y en esta misma serie de mensajes.
LA PRIMERA INSTITUCIÓN
Recordemos, entonces, que el hogar fue la primera institución que Dios proveyó para beneficio del hombre. En razón de que el hogar fue instituido por Dios, antes de que el pecado entrara en el mundo, naturalmente que está basado sobre Sus más santos preceptos. Desgraciadamente el divorcio, que es tan común hoy en día, está destruyendo lo que Dios instituyó y lo declaró santo.
Cuando Dios creó a Adán y Eva, los creó hombre y mujer a su propia imagen y semejanza. Por esta razón, las relaciones entre marido y mujer fueron perfectas y sin pecado; fueron tan sagradas y santas como la relación entre lastres Personas de la Trinidad – Padre, Hijo y Espíritu Santo. Estas tres son una. Así mismo en el matrimonio, Dios dice: “un hombre y una mujer deben ser uno”.
Puesto que los principios del hogar están basados en la bondad y la absoluta santidad, el pecador difícilmente puede cumplirlos. Sin embargo, en estos mensajes deseamos hablar principalmente a aquellos, quienes, a través del nuevo nacimiento han sido unidos en Cristo; para estas personas, los principios del hogar continúan como en sus comienzos. El Señor Jesucristo así lo afirma una y otra vez. No encontramos ningún lugar en las Escrituras, en donde se diga que Dios haya alterado estos principios para acomodarlos a los intereses de hombres pecadores.
Debemos recordar que cualesquiera alteración de los principios básicos que operan en el hogar, fueron hechos por la voluntad permisiva de Dios, motivada por la dureza de corazón de los hombres. Pero los cristianos, quienes han nacido otra vez y han recibido el Espíritu de gracia, no deberían clasificarse entre los israelitas endurecidos de corazón que vivieron bajo la ley y rechazaron los medios que Dios les proveyó para lograr una vida santa.
La obligación de que el hogar tiene que permanecer bajo los mismos principios sagrados de cuando fue instituido, es señalada por la comparación hecha en la relación entre marido y mujer y la de Cristo y Su Iglesia (Efesios 5). Allí se nos enseña que Cristo está ligado a la Iglesia, mediante lazos de unión indisoluble y eterna. Esto es, entonces, lo que debe reflejarse en el matrimonio.
UNA RELACIÓN SAGRADA
El matrimonio es la más tierna y sagrada relación de la vida. “Los dos serán una sola carne”, dice Dios, en el capítulo 2 de Génesis. El uno debe ser el complemento del otro. Este es el principio de Dios, el fundamento de Dios para el hogar:
Dios ha declarado también, que el matrimonio es honroso:
“Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.” (Hebreos 13:4)
La Biblia dice por otro lado, “que el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne”. Dios ha provisto el hogar para el bienestar del hombre. “No es bueno que el hombre esté solo”, dijo, y por eso le proporcionó ayuda idónea. En 1ª Corintios 7:2 encontramos otra afirmación referente a esta misma verdad:
“Pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido.”
Dios instituyó el matrimonio para evitar cualquier afecto desordenado y hacer posible el orden social, para que a través de familias bien establecidas, la verdad y la santidad del matrimonio sea transmitida de una generación a otra. La paz y el bienestar de una nación depende de la pureza de sus hogares. “Como es el hogar así es la nación.”
SIMBOLISMO DE CRISTO Y SU IGLESIA
Esta unión, esta unidad de dos personas involucradas en el matrimonio, había sido escogida como un emblema de la unión de Cristo y Su Iglesia. Siendo instituido y santificado por Dios, la relación entre esposo y esposa debe ser tan sagrada como la relación entre Cristo y Su Iglesia.
Leyendo otra vez Efesios 5 encontramos esta maravillosa verdad:
“Someteos unos a otros en el temor de Dios. Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la Iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la Iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla….” (Efesios 5:21-26)
En el capítulo 2 de Génesis leemos que Eva fue dada a Adán. El sabía, por supuesto, que ella fue tomada de su costado y hecha de una de sus costillas; por eso dijo: “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne.” Los dos eran uno. Eva no fue tomada de la cabeza de Adán, lo cual podría significar que ella tenía que dominarle, ni tampoco fue tomada de sus pies, lo cual podría sugerir que ella debería ser dominada y pisoteada por él, sino que fue tomada de su costado, de cerca de su corazón, el asiento del afecto y del amor. Por eso Dios ha ordenado al esposo amar a su esposa, así como ama a su propio cuerpo:
“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la Iglesia, y se entregó a sí mismo por ella…….. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la Iglesia” (Efesios 5:25 al 29).
EL DIVORCIO NO FUE PROVISTO
Dios no hizo ninguna provisión para la separación o el divorcio como ahora se lo llama, porque el matrimonio fue instituido antes de la entrada del pecado. No había causa o razón para separación. El pecado por sí solo es lo que sirve de base para la lujuria, el egoísmo, y el odio; a la vez la causa del divorcio. Algunos pueden acusarme como una persona presuntuosa cuando afirmo que Dios no hizo provisión para el divorcio, pero esto es lo que la Biblia enseña.
Veinticinco años después de la institución del matrimonio, Moisés permitió el divorcio bajo una condición; solamente fue la voluntad permisiva de Dios, debido a la dureza de corazón de los hombres. Pero esta permisión no cambió el principio original del matrimonio instituido por Dios, ni aquello de que un hombre y una mujer deberían estar unidos, y que serían una sola carne a lo largo de toda la vida. La unión matrimonial es tan íntima, que constituye un ligamento sólido como el que une las diferentes partes del cuerpo humano. Para el hombre y la mujer que se casan, la separación vendría a ser como la amputación de un brazo o de una pierna de su propio cuerpo.
En el Nuevo Testamento encontramos que Jesús restaura el principio de la unidad del hogar como fue en el comienzo. Estás afirmaciones pueden ser halladas en Mateo 19:3-9; Marcos 10:1-2 y Lucas 16:18. El Espíritu Santo, a través de Pablo, reafirma nuevamente el mismo principio de la unidad de marido y mujer en 1ª Corintios 7:10-15 y Romanos 7 del 1 al 4.
Cristo establece el principio de la unión al referirse a la unidad entre El mismo y la Iglesia. (Efesios 5). Es verdad que en la Iglesia muchos han fallado y han perdido el compañerismo con El, sin embargo, también es cierto, que no podemos vivir separados de El. En Juan 10:28, 29, leemos esto:
“Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie les arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.”
Otra afirmación categórica concerniente a nuestra relación inquebrantable con El, está en Romanos 8:35-39:
“¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”
No podemos ser separados de Su amor. El nos hará buenos durante el resto de nuestra vida y a través de toda la eternidad.
Debemos tener presente que la Biblia usa esta relación de Cristo con la Iglesia como un ejemplo del vínculo permanente de marido y mujer. La verdad concerniente a la segunda venida de Cristo hace mayor énfasis sobre esto. Por ejemplo, leemos en 1ª Tesalonicenses 5:15-17 que nuestro Señor viene “con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios…..y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.”
La misma verdad es ratificada en Juan 14:1-3:
“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.”
Como podemos ver, no hay la menor idea de separación. Nuestra unión con El es eterna. Esta unidad inquebrantable de Cristo y Su Iglesia es usada para ilustrar la unidad inquebrantable que debe existir en el matrimonio. Dios no ha hecho provisión para la separación matrimonial.
El hombre en su debilidad, en su falta de entendimiento y rebelión, se aferra a lo que parece ser una puerta de escape, una salida para esta indisoluble relación matrimonial; y de esta manera poder tener su vida de lujuria y al mismo tiempo mantener tranquila su conciencia. Lo que el hombre busca, es la licencia o justificación para su divorcio, como fue dada bajo la ley de Moisés y aparentemente ratificado por Cristo. Pero Moisés permitió el divorcio solamente debido a la dureza de corazón de los israelitas; y como Jesús reafirma el hecho de que Moisés permitió esto, algunos parecen creer que El está dando consentimiento para ello. Al tratar de buscar un pretexto para quebrantar el matrimonio o al referirse a la voluntad permisiva de Moisés y de Dios y el aparente asentimiento de Cristo, los hombres están cometiendo un grave pecado.
¿Cambiaría Jesús, quien es Dios, el principio dado al comienzo de la creación? Dios no cambia con los tiempos ni con el pensamiento de los hombres. Las normas de Cristo para el matrimonio son las mismas que fueron dadas “en el principio”.
Cuando un hombre “renacido” busca una puerta de escape en la Palabra de Dios para tranquilizar su conciencia culpable y poder continuar en su vida de lujuria, lo que realmente está haciendo es admitir la dureza de su corazón y su carnalidad. Al tratar de encontrar consentimiento para gratificar la lujuria de su carne, buscando en la Biblia permisión para pecar, está inconscientemente haciendo a Dios partícipe del pecado. ¡Qué blasfemia! ¡Ojalá que Dios abra nuestros ojos a la verdad!
roberto que buen tema entrare mas seguido solo una observacion creo que el pasaje de Romanos es 12.9 un barazo Dios te bendiga miguel muñoz / pucallpa
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